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JUAN PUJOL GARCÍA, conocido como « GARBO »
« EL ESPÍA QUE SALVÓ AL MUNDO » — dixit Winston Churchill
He aquí, en resumen, lo que he podido aprender de la extraordinaria y al mismo tiempo verídica historia de un hombre que logró lo que los ejércitos más poderosos del mundo no habrían podido conseguir: poner en jaque a la maquinaria nazi y conducirla hacia la derrota.
Ese hombre era un español, un héroe más, demasiado tiempo olvidado por la Historia.
Es la aventura del agente bautizado «Garbo» por los ingleses y «Arabel» por los alemanes. Una aventura tan rocambolesca e inverosímil que merece ser conocida y puesta en valor.
El punto culminante de su acción llegó en 1944, cuando logró desviar las fuerzas defensivas alemanas hacia el Paso de Calais mientras los Aliados desembarcaban en Normandía, evitando así un formidable baño de sangre.
Para llegar a ello creó una vasta red de 27 subagentes ficticios repartidos por distintas partes de Gran Bretaña, que le aportarían informaciones nacidas de su imaginación, susceptibles de interesar a los alemanes mientras los manipulaba.
Garbo se convertiría en un eslabón esencial de la gran superchería conocida con el nombre en clave de «Fortitude», destinada a hacer creer a Hitler que el desembarco aliado del 6 de junio de 1944 no era más que una operación de distracción que encubría una invasión masiva por el Paso de Calais.
La operación Fortitude no era una operación propiamente dicha. Consistía en reunir innumerables medios utilizados por los Aliados para intoxicar al enemigo sobre el lugar y la fecha de la operación Overlord.
Dicho de otro modo, la operación se resume en una sola palabra:
INTOXICACIÓN.
Garbo enviaría cientos de mensajes procedentes de sus agentes «ficticios». Montó un escenario digno de los mayores realizadores de cine, pues era un gran maestro en el arte de la manipulación, lo que le valió que los servicios secretos británicos lo consideraran «el mayor actor y espía de todos los tiempos».
A partir de este escenario los británicos montaron el decorado sobre el terreno. Crearon divisiones fantasma, desplegaron material ficticio (camiones y tanques hinchables, aviones de madera, vehículos itinerantes, civiles vestidos de militares). Incluso hicieron venir a Patton para dar más verosimilitud a aquella famosa operación.
Toda esa puesta en escena, con movimientos de tropas por las carreteras del sector de Dover, dio credibilidad a sus mensajes ante los alemanes que, completamente engañados durante varias semanas, mantuvieron dos divisiones blindadas y diecinueve divisiones de infantería en el Paso de Calais a la espera de una invasión, dando así a los Aliados un tiempo precioso para consolidar su cabeza de puente en Normandía.
En este episodio estratégico, el comandante en jefe alemán, el mariscal Von Rundstedt, fue uno de los más engañados, hasta el punto de desoír los consejos del general Rommel, quien, al no ser escuchado, abandonó el frente para celebrar el cumpleaños de su esposa y entrevistarse con Hitler para pedirle divisiones suplementarias que habría desplegado en Normandía.
Rommel no comprendía la obstinación del Führer en mantener un importante dispositivo militar a la espera de un desembarco en el Paso de Calais anunciado por una fuente fiable en la persona de Garbo.
Así pues, Rommel no estaría presente en el momento en que el Muro Atlántico estaba a punto de vivir «el apocalipsis».
La víspera del Día D, el espía Garbo envió un mensaje a los alemanes advirtiéndoles de que el desembarco tendría lugar el 6 de junio en Normandía.
Pero había calculado que su mensaje llegaría a manos alemanas mucho después del desembarco, pues Garbo sabía que el operador de radio alemán con base en Madrid no lograría mantener la cita en antena.
Solo al día siguiente los alemanes comprenderían plenamente el significado del mensaje perdido, concediendo aún mayor crédito a su agente Garbo por su fiabilidad.
Eso le valdría hasta el final la confianza de los alemanes, que le condecoraron con la Cruz de Hierro de segunda clase (distinción reservada exclusivamente a combatientes de primera línea y que requería autorización personal de Hitler).
Por su parte, los ingleses tampoco se quedaron atrás y le concedieron la Victoria Cross, esta vez con pleno conocimiento de causa.
De este modo, es el único hombre que recibió una medalla de cada uno de los dos bandos enfrentados.
Después del fin de la guerra, Pujol (Garbo), por temor a represalias nazis y con ayuda de los servicios secretos británicos, se trasladó a Angola, donde fingió su muerte por paludismo en 1949.
Desde allí partió hacia Venezuela, donde vivió en el anonimato.
No fue hasta 1984, tras varios años de investigación, cuando el político británico Rupert Allason logró encontrar su rastro y convencerlo para viajar a Londres, donde, con motivo de las conmemoraciones del 40.º aniversario de la operación Overlord, la contribución esencial de Juan Pujol García — alias Garbo — a la victoria fue finalmente dada a conocer.
El príncipe Felipe de Edimburgo lo recibió en Buckingham Palace y lo invitó a participar a su lado en las ceremonias del Día D en las playas de Normandía.
Pujol (Garbo) murió en Caracas en 1988 y fue enterrado en el interior de un Parque Nacional.
He aquí la extraordinaria historia de un hombre de apariencia ordinaria que jamás empuñó una pistola y cuya única arma fue su fabulosa imaginación.